Un acuerdo presente en muchas comunidades

La literatura documenta asociaciones rotativas en África, Asia, el Caribe y América Latina. No permite atribuir todas esas prácticas a un único inventor. Comparten una idea básica, aunque sus reglas y su función social varían.

En 1964, la antropóloga británica Shirley Ardener publicó el primer estudio comparativo. Reunió casos de África, Asia y el Caribe y propuso una definición que sigue vigente: una asociación de personas que aportan regularmente a un fondo que se entrega, completo o en parte, a cada integrante por turnos.

Un «peldaño intermedio»

Dos años antes, en 1962, Clifford Geertz había estudiado el arisan en Java, Indonesia. Lo describió como un «peldaño intermedio» del desarrollo: un puente entre la economía campesina tradicional, basada en la reciprocidad entre conocidos, y la economía comercial moderna, basada en el dinero y los bancos.

Para Geertz, el arisan no era solo una forma de ahorrar. También era una reunión social: el turno se celebraba, se compartía comida y se reforzaban los lazos del vecindario.

Mapa de nombres

Estos son algunos de los nombres que recibe el mismo acuerdo. La lista no es completa: en muchos países cada región tiene su propia palabra.

América Latina

  • Tanda o cundinaMéxico y Centroamérica
  • SanVenezuela y República Dominicana
  • Bolso o susúVenezuela
  • CadenaColombia
  • Junta o panderoPerú
  • PasanakuBolivia

Caribe

  • SusuTrinidad y Tobago, Barbados, Granada
  • Partner o pardnerJamaica y su diáspora en Reino Unido
  • SòlHaití
  • Box handGuyana

África

  • Esusu o ajoPueblo yoruba, Nigeria
  • SusuGhana
  • TontineCamerún, Senegal y África francófona
  • StokvelSudáfrica
  • EqubEtiopía
  • HagbadSomalia
  • GameyaEgipto

Asia

  • HuiChina y Taiwán
  • GyeCorea
  • Tanomoshi o mujinJapón
  • ArisanIndonesia
  • PaluwaganFilipinas
  • Chit fundIndia
  • Committee o kametiPakistán e India

Un viaje con las migraciones

El esusu del pueblo yoruba, en lo que hoy es Nigeria, es una de las formas mejor documentadas en África Occidental. Con la trata de personas esclavizadas, la práctica cruzó el Atlántico: por eso en Trinidad, Barbados o Granada se sigue diciendo susu, una palabra de origen africano.

La práctica siguió viajando con cada migración. Los jamaiquinos que llegaron a Reino Unido después de 1948 llevaron el pardner, que les permitió reunir el dinero para comprar casas cuando los bancos no les prestaban. El sociólogo Ivan Light documentó cómo inmigrantes chinos y japoneses en Estados Unidos usaron el hui y el tanomoshi para abrir negocios. Hoy, la diáspora latinoamericana mantiene sus tandas y sanes en Madrid, Miami o Santiago.

Mujeres en el centro

En muchas regiones, los bolsos son organizados sobre todo por mujeres. El libro Money-Go-Rounds (1995), editado por Shirley Ardener y Sandra Burman, reunió estudios de varios continentes sobre este rol. Para muchas mujeres, el bolso es una forma de tener dinero propio, decidir en qué usarlo y apoyarse en otras mujeres.

Por qué sigue vivo

La razón es humana más que financiera: el bolso convierte la confianza entre personas en una herramienta económica. Sus reglas son simples, cualquiera las entiende y no hace falta pedirle permiso a nadie.

En Venezuela, durante los años de hiperinflación, bolsos y sanes volvieron a ser una forma clave de reunir dinero entre conocidos. Esa historia es el origen de Bolsito: llevar una práctica de siempre a una herramienta de hoy, sin perder lo que la hace funcionar, que es la gente.