El punto de partida: millones sin banco
El Banco Mundial mide cada pocos años cómo usa la gente los servicios financieros en el mundo. Esa encuesta se llama Global Findex. Su edición de 2025, con entrevistas a más de 145.000 adultos en 141 economías, encontró que el 79 % de los adultos tiene una cuenta en un banco, una institución financiera o un servicio de dinero móvil.
Es un récord, pero también significa que alrededor de 1.300 millones de adultos siguen fuera del sistema financiero formal. Para ellos, pedir un préstamo o guardar dinero con seguridad no es sencillo.
El bolso, una alternativa que el Banco Mundial reconoce
En la primera edición de Global Findex, los investigadores del Banco Mundial escribieron que los clubes de ahorro comunitario son «una alternativa común a la banca formal». En África subsahariana, el 48 % de quienes ahorraban, el 19 % de todos los adultos, decía haberlo hecho a través de un método comunitario.
Desde entonces, la encuesta pregunta específicamente si las personas ahorraron «usando un club de ahorro o una persona fuera de la familia». Es la forma en que la estadística internacional ve tandas, sanes y susus.
Primera razón: tener el dinero antes
En 1993, los economistas Timothy Besley, Stephen Coate y Glenn Loury publicaron en la American Economic Review el estudio clásico sobre este tema. Su idea central es fácil de ver con un ejemplo.
Quieres comprar una nevera de 100 USDT y puedes guardar 20 por semana. Solo, tardas 5 semanas. En un bolso de cinco personas con la misma cuota, una persona la compra en la semana 1, otra en la 2, y así hasta la 5. En promedio, el grupo tiene su nevera en la semana 3, y cuatro de cada cinco personas la tienen antes de lo que tardarían ahorrando solas.
Este ejemplo supone aportes completos, ausencia de costes y un precio constante. Bajo esas condiciones, el turno puede adelantar una compra. No garantiza una mejora para cada participante: las comisiones, los impagos, el orden y los cambios de precios pueden alterar el resultado.
Segunda razón: el compromiso ayuda a ahorrar
Ahorrar solo exige fuerza de voluntad. Siempre aparece un gasto urgente o una tentación. Varias investigaciones muestran que el bolso funciona como un compromiso: cuando el grupo cuenta contigo, es más difícil saltarse el aporte.
En Kenia, la investigadora Mary Kay Gugerty preguntó a integrantes de estos grupos por qué participaban. Muchas respuestas se resumían en una frase que dio título a su estudio: «no puedes ahorrar solo». Los economistas Stefan Ambec y Nicolas Treich explicaron el mismo fenómeno como una herramienta contra los problemas de autocontrol.
Tercera razón: proteger el ahorro de presiones
Siwan Anderson y Jean-Marie Baland estudiaron asociaciones en barrios de Nairobi, formadas sobre todo por mujeres. Encontraron que el bolso también sirve para proteger el dinero de las presiones del hogar o de la familia extendida: lo que está en el bolso ya está comprometido y no se puede prestar ni gastar.
Lo que la economía también advierte
El bolso no es magia. Su mayor riesgo es que alguien cobre y luego deje de aportar. Por eso, históricamente, funciona entre personas que se conocen y donde la reputación importa. Tampoco genera rendimientos: es una herramienta para ordenar el ahorro y adelantar compras, no una inversión.
La tecnología no cambia la lógica del bolso, pero puede hacerlo más transparente: reglas claras desde el inicio, registro de cada aporte y turnos visibles para todos.
